De los beneficios del nacionalismo chafa

De los beneficios del nacionalismo chafa

Quien dijo que en ciencias sociales no se pueden analizar fenómenos en cajas de Petri, lo dijo antes de Whatsapp: banderitas mexicanas en las fotos de perfil, cadenas patrioteras en los grupos de las tías, audios que dicen en 5 minutos lo que pudieron haber dicho en 10 segundos. A todos, envueltos en la bandera mexicana, se les hizo buena idea “fortalecer el mercado interno” (para sonar a que saben de economía) como estrategia ante los embates de Trump.

No soy economista y, a diferencia de muchos, no planeo aparentarlo. Sin embargo, me he acercado a gente que sí sabe de lo que habla y es muy fácil explicar, con peras y manzanas, porque en nada defenderá a México de Trump que tomes “Cielito Lindo” en lugar de Starbucks. Ambos sobrepreciados, por cierto.

Las economías de México y los Estados Unidos están tan interelacionadas que rozan con la dependencia. Producimos y exportamos, ellos producen e importamos. Les vendemos más de lo que les compramos, es un hecho. Ese, de hecho, el de la balanza comercial en su contra, es el principal argumento de Trump para renegociar el TLC. Si a esas vamos, comprar producto nacional solo “justifica” las paranoias de Trump.

Pero ese no es el punto. La cosa está en que “boicotear” los productos gringos afectará también a mexicanos: a quienes poseen franquicias, a quien trabajan en fábricas, tiendas de autoservicio, concesionarias automotrices, entre muchos otras. Todas esas empresas americanas generan (miles) de empleos formales.

No es lugar aquí para discutir la calidad de esos empleos ni el tamaño de los sueldos, se pretende más bien descubrir la irracionalidad de la lógica dejar de consumir lo gringo, ayuda a lo mexicano.  Podría apelarse al largo plazo, que Jarritos va a emplear a todos mexicanos que se queden sin empleo cuando Coca-Cola Company desaparezca, por ejemplo.  Ese razonamiento quizá haga lógica en algunos sectores, pero ¿quién va a consumir todos los productos que se manufacturan en México?  

Es simple, el mercado mexicano no puede consumir todo lo que México produce, de ahí la importancia de las relaciones comerciales con otras naciones. Casi todos los países del mundo poseen tratados comerciales que le permiten aprovechar las ventajas competitivas de su producción y las de otras naciones. Si el consumo nacional fuera la solución a todos los males, hace mucho se hubiera el mundo desecho del comercio exterior.

Por si esto no fuera poco, recordemos que lo comercial en nada apaciguará los males que la discriminación, el discurso del odio y las deportaciones masivas que el régimen Trump enarbola y promueve. De manera tal que comprar nacional no es ni tu “granito de arena” contra Trump.

El nacionalismo chafa (todo tipo de nacionalismo, pues) siempre ha causado muchos problemas. Afortunadamente, por fin, este campaña de “consumir nacional por amor a México” ayuda en algo, en algo que nada tiene que ver con Trump, por cierto. Ayuda en que consumir nacional (local, de hecho) siempre ha sido la mejor opción, por una simple razón: por el tamaño de la huella ecológica.

Consumir lo nacional es buena idea porque el camino de la comida a tu plato (o del producto a tus manos) es mucho más corto cuando éste es local y no importado, porque los costos medioambientales (que no económicos necesariamente) son menores: se transporta menos distancia, se preserva menos tiempo, etc. Eso, eso es lo único bueno (y suficientemente bueno, diría yo) de la campaña “consume lo mexicano”.

Tomar horchata en vez de Coca, comer pambazos en lugar de Whooppers, y ver Blim para no ver Netflix, en nada va a ayudar a la economía mexicana y nada hará para sanear los ataques de Trump. Estas medidas patrioteras tienen muchos beneficios, ninguno de ellos particularmente importantes en la coyuntura Trump, sino anteriores y permanentes. Pero bueno, dentro de las muchas tonterías que nos ha hecho hacer el nacionalismo chafa, algo bueno salió por fin.

René Rejón
Politólogo por la UNAM. Maestro en Global Politics por Durham University. Filósofo por accidente. Yucateco, ciudadano global, consumidor responsable y gameboard geek.
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