La Bandera Humana

La Bandera Humana

Cuando leemos o escuchamos las noticias hoy en día podría parecer que el mundo es un lugar terrible para vivir, lleno de violencia, guerras, atrocidades, etc. Pero lo curioso es que, de hecho, todo esto negativo está en decadencia. Resulta que vivimos en la era más pacifica de la historia de la especie humana. Hay muchas razones por lo que esto se debe, pero principalmente son estas: La democracia, el desmantelamiento nuclear, la soberanía y la economía globalizada. 

Las democracias piensan es que malo atacar otras democracias, tienen gobiernos legítimos elegidos por su pueblo, por lo que se vuelve incorrecto interferir en sus decisiones. Sin embargo, esto tiene otro lado de la moneda: las democracias tienden a hacer guerras con autocracias, pero lo positivo es que cada vez más países en el mundo son gobiernos elegidos por su pueblo, por lo que cada vez es todo más pacífico.

El desmantelamiento nuclear ayuda a mantener la paz global, obviamente estas armas de destrucción son sumamente tenebrosas. No obstante, la destrucción de estas armas ha prevenido guerras devastadoras en el mundo, los países tienen miedo de las consecuencias que estas pudieran traer.

La tercera idea por la que la guerra ha disminuido es gracias a la soberanía de los países. Este pilar de paz, que va de la mano con la democracia, nos dice que no debemos interferir con lo que pasa dentro las fronteras de cualquier otro país. Después de la segunda guerra mundial, los estados europeos decidieron detener esto; desde 1976 no ha habido ni una sola guerra exitosa de conquista de otros territorios, excepto, quizás, por Rusia en Crimea. El lado negativo de esto es que a veces los gobiernos hacen guerra contra su propia gente, lo que crea guerras civiles y la soberanía complica que la comunidad internacional pueda intervenir y detener estas guerras.

La economía globalizada también aporta a la paz mundial gracias a que las empresas no sólo tienen clientes y proveedores en sus propios países, si no que cada vez los mercados cruzan más las fronteras. Sería absurdo atacar a un país del cual tienes importaciones o a alguno donde tienes clientes o clientes potenciales.

Es un hecho que el mundo es cada vez más pacífico, sin embargo, las noticias sieguen hablando de guerras y de conflictos, y aunque sean menos que antes en la historia, sigue habiendo. Todavía personas mueren cada día por guerras y por problemas que muchas veces ni siquiera les incuben. Es injusto que por pensamientos de superioridad y de racismo, países ataquen a su gente o a otros países. Podrá haber muchas razones por las cuales esto suceda, sin embargo, hay una que no depende de los gobiernos ni de las decisiones políticas, si no de la misma gente dentro y fuera del conflicto. Hay algo llamado nacionalismo que nos causó las dos guerras mundiales, entre muchas otras y que hoy en día seguimos sin aprender lo devastador que el nacionalismo puede ser.

La idea de estar orgulloso por haber nacido en cierto lugar geográfico o en otro es tan sólo un accidente que no debería ser factor para sentirnos inferiores o superiores a nadie más. El nacionalismo es un sentimiento bastante popular que nos enseñan desde pequeños; nos enseñan a cantar nuestro himno nacional, a adorar nuestra bandera, a conocer a nuestros héroes patrios, etc. Conocer esto no implica nada negativo, lo perjudicial viene cuando esto nos segrega en diferentes grupos y aumenta las diferencias con relación a los otros. Hay que aprender de la historia, pero no quedarnos atrapados en ella y tomarla como algo presente.

Einstein decía que el nacionalismo era el sarampión de la humanidad. El nacionalismo nos ayuda a cubrir necesidades individuales encontrándolas en logros nacionales, por lo que nos puede llevar sentirnos orgullosos e identificarnos con virtudes que están fuera de nosotros, en la personalidad colectiva del país. Entre menos orgullosos estemos de nosotros mismos, más enorgullecidos vamos a estar de pertenecer a una nación.

Las fronteras se hicieron históricamente para separar diferentes ideas políticas, religiosas, razas, formas de pensar, etc. Cada país quiso separar en lugar de unir de una forma egoísta para ver por su propia gente. Y es entendible, no tiene nada de malo, pues todos queremos estar mejor y que nuestros cercanos también lo estén. A pesar de esto, es una solución egocentrista y ambiciosa de enfrentar los problemas, es una respuesta fácil, pero poco envolvente que no logra integrarnos como humanidad.

La Unión europea ha sido el intento más exitoso de experimentar quitar las fronteras, al menos, de un continente. La idea principal de su creación, más allá de la parte económica o política, era asegurar la paz entre sus miembros. Para conseguir esto, en lugar de crecer e invertir en los ejércitos para protegerse, aumentaron sus relaciones internacionales, comerciales, su comunicación e infraestructura, lo que parecía en un principio ilógico. Le apostaron a desarrollarse como un continente unido trabajando en sus diferencias en lugar de agrandarlas. El plan funcionó, por lo que se han tenido más de 70 años de paz entre las partes de esta cohesión.

Claro que la Unión Europea tiene sus beneficios y sus problemas, sin embargo, la guerra se terminó entre los estados que pertenecen. Cabe destacar que fue el continente donde las dos guerras mundiales se efectuaron principalmente, entre muchas otras. Por lo que más allá de todas las ventajas económicas, sociales y políticas que hoy en día los ciudadanos de esta institución gozan, podemos aprender que es una posible solución para encontrar la paz en el mundo.

Evidentemente la Unión europea no es perfecta, tiene sus problemas que afectan a muchas personas, económicos, políticos y sociales, sin embargo, son temas secundarios cuando se habla de la paz cuando hoy en día millones de personas siguen muriendo por causa de guerras. La Unión europea nos ha mostrado  que quitar las fronteras, eliminar los nacionalismos es una solución coherente y obtenible entre países que alguna vez se destruyeron, entre gobiernos que pensaban diferente y entre personas que se odiaban entre ellas sólo por ser de otra nación.

Es verdad, cada vez hay más paz y tranquilidad en el mundo. Cada vez somos más “humanos” y toleramos más a los inmigrantes y extranjeros. Pero qué tal si, así como la Unión europea intentó conseguir la paz y lo logró, no intentamos obtener la paz en el mundo. ¿Por qué no creamos la Unión mundial? ¿Por qué no ponemos a un lado nuestras nacionalidades y nos vemos todos como la raza humana? Puede sonar muy idealista, pero también así sonaba entre los europeos al hacer su fusión. ¿Por qué no abrimos las fronteras y crecemos como humanidad? Claro que va a ser difícil y se necesita un plan muy bien elaborado, del cual seguro se deberán hacer cambios y ajustarlo poco a poco. No se trata de abrir las fronteras y ya, se trata de pensar cómo solucionar los problemas que puedan venir con eso. Pero antes de poder tan siquiera pensar en una estrategia de acción, es necesario querer hacerlo y para eso necesitamos eliminar los nacionalismos y vernos como una raza humana que nos apoyamos y cooperamos para crecer juntos, no solo algunos.

El día en que nos podemos ver a todos como humanos, independiente de nuestra, orientación sexual, ideología política y/o religiosa, o nuestra nacionalidad, será el día en que la paz exista en el mundo. Ese día dejaremos de bombardearnos y de atacarnos, ya que como hemos visto en las guerras, uno sólo ataca a su enemigo, jamás a sí mismo o sus aliados, por lo que, si todos somos del mismo bando, no habrá a quién bombardear. Dejemos de colgar la bandera de nuestro país y colguemos la bandera de la humanidad.

Joseph Sclar
Joseph estudia la Licenciatura en Administración de Empresas en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe. Apasionado por el arte y la cultura. Fundador de Black Dot Arts. Está interesado en temas y asuntos filosóficos, psicológicos, morales y éticos.

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