Dios existe, escrito por un ateo

Dios existe, escrito por un ateo

¿Dónde está nuestra mano? De verdad lo pregunto, debería ser una pregunta muy fácil de responder, pero en serio ¿dónde está nuestra mano? y ¿cómo lo sabemos?  Más bien, ¿cómo es que sabemos lo que sabemos? Podríamos decir: Yo sé dónde está mi mano, la estoy viendo ahora mismo o la estoy tocando, está justo aquí. Y es verdad, nuestros sentidos son una excelente forma de percatarnos sobre lo que hay en nuestro alrededor. De hecho, tenemos más sentidos que los cinco tradicionales; tenemos: balance, sentido kinestésico, noción del tiempo, por decir algunos otros. Sin embargo, no son perfectos, existen ilusiones ópticas, ilusiones de audio, ilusiones de temperatura, inclusive táctiles. Pero con todos estos “engaños” e inexactitudes que sufren nuestros sentidos, las únicas herramientas que tenemos para saber qué está y qué existe allá afuera, ¿cómo podemos saber qué existe en realmente?

Como decía Platón: “Las cosas que sabemos son las que son reales, que creemos y que tenemos justificación para creer en ellas” esas justificaciones pudieran ser racionales, irracionales o basadas en pruebas. No obstante, prueba no es sinónimo de verdad. Para nuestra suerte, hay cosas que podemos saber con certeza, sin necesitar pruebas. Sin necesidad de salir de nuestra casa. Hay cosas que podemos saber en su totalidad solamente razonando. Estos son conocimientos a priori, por ejemplo, la oración: ‘Todos los números se pueden sumar’. No se necesita sumar cada número para saber que, en efecto, cualquier número que se escoja se le pueda sumar cualquier otro. Claro que para saber esto, se necesita saber matemáticas muy básicas y cómo sumar números, pero ¿cómo es que sabemos todo esto?

Entonces ¿qué existe en realidad? ¿Existe el mundo? Y si sí ¿cómo lo sabemos? Son preguntas difíciles, pero no tanto como la física cuántica, es más bien preguntarse si la física cuántica existe o no. La teoría que el sol giraba alrededor de la tierra funcionaba, predecía que el sol iba a levantarse cada mañana y ¡lo hacía! No fue hasta después que nos dimos cuenta que lo que pensábamos que era verdad, no lo era. Entonces ¿alguna vez conoceremos la verdad completa? ¿Podrá alguna vez la ciencia comprobar que nuestros amigos y nosotros mismos estamos más allá de nuestros propios pensamientos y que no vivimos en algo como Matrix? La respuesta es no.

Nuestra mente es lo único que tenemos, podremos usar instrumentos y herramientas como microscopios y calculadoras, pero al final de cuentas, toda esa información hace una última parada: Nuestra cabeza. Estamos solos dentro de nuestro propio cerebro, por lo que técnicamente, se vuelve imposible comprobar que cualquier otra cosa existe. Esto se llama Predicción egocéntrica, que todo lo que sabemos del mundo, todo lo que está allá, se crea dentro de nuestra mente. Todo lo que vive afuera de nosotros, según el realismo, tiene una existencia independiente a su observador, a nuestras mentes. No obstante, desde un punto de vista solipsista, donde sólo existe lo que ocurre en nuestra cabeza, no se puede comprobar, sólo se puede creer en algo real y tangible. Pero regresando a la pregunta inicial: ¿Cómo sabemos dónde está nuestra mano? Sólo se sabe por nuestros sentidos que van a dar a nuestro cerebro. Entonces si ni siquiera sabemos si nuestras manos en realidad están ahí, ¿cómo sabemos que cualquier otra cosa es real? Pensamos que es verdad lo que nuestro razonamiento nos permite creer.

Entendemos dónde están nuestras manos gracias a nuestros sentidos que llegan a nuestro cerebro. También gracias a él aprendemos qué hacer y qué no con ellas, así mismo, nuestra mente nos permite conocer que todos los números se pueden sumar, incluso cuando en realidad los números no existen en el mundo de los cinco sentidos tradicionales. Nuestro cerebro es tan poderoso que nos permite hacer sumas de cosas que nunca ha observado o tocado. Quizá ha visto representaciones físicas de los números o de las letras y con eso ha sido suficiente para que los entendiera de una mejor manera. Sin embargo, nuestro cerebro jamás ha tocado, ni olido, ni visto, ni sentido, ni probado las matemáticas y aún así para él existen, es por eso que decimos que hay más de 5 sentidos para comprender lo que hay afuera de nuestra cabeza, suponiendo que sí lo haya.

Para que algo sea percibido por nuestro cerebro, no s necesario que esté en el mundo tangible, por ejemplo, los números. Nuestra mente es capaz de volver verdaderos y existentes las matemáticas, la economía, el dinero, las compañías, etc. El dinero se representa a través de los billetes y monedas, pero en sí es un concepto que nuestro cerebro ha creado para entender y darle valor a los objetos. Las compañías, los gobiernos, los países tampoco existen en lo físico; hay edificios, logos, contratos, íconos, pedazos de tierra, banderas, personas, etc. Pero jamás alguien ha logrado tocar a México, o escuchar a Wal-Mart, o ver 20 euros, sólo vieron un pedazo de tierra con civilización, o escucharon algo en la tienda o vieron un billete que representaba los 20 euros.

Tanto nuestra mano como los números son un producto de lo que nuestro cerebro y mente procesa y nos dice que existe. Y no por no conocer algo, ni haberlo visto, no quiere decir que no esté ahí para nuestra mente. Por ejemplo, Nuuk, la capital de Groenlandia, no por jamás haber ido o pisado el lugar, quiere decir que sea menos real que el número 6 o nuestra propia mano. Si nuestro cerebro es capaz de generar el pensamiento que Nuuk es una ciudad y es una capital, es suficiente para que exista en él. Quizá aún no la conozca y no pueda imaginarse cómo es; es posible que nunca la pueda ver a través de los ojos de su cuerpo, pero no por eso no existe para nuestra mente. Y así mismo, aunque vayamos a esa ciudad, nunca vamos a ver a Nuuk exactamente, vamos a ver los edificios que están ahí, los paisajes o su gente, pero Nuuk es una idea que nos ayuda a entender lo que hay ahí afuera.

Es por esto que Dios es tan real como nuestras manos, como los números, como las matemáticas o como Nuuk. No por jamás haberlo visto, escuchado o estado con él, quiere decir que no sea tan real como cualquier otra idea que nuestro cerebro produce. Es tan real como cualquier país y se puede representar de muchas formas diferentes. Quizás como Nuuk en Groenlandia jamás lo veamos ni conozcamos, pero no por eso quiere decir que no existe. Dios es tan real como la misma ciencia, ya que ambos son productos de nuestras interpretaciones y pensamientos.

No conocer a Dios, no haberlo visto nunca e inclusive no creer en él no son argumentos para revocar su existencia. Es tan real como cualquier compañía, como cualquier gobierno o como cualquier país, es incluso tan real como nuestras manos y nuestro cuerpo. Es argumentable la postura nihilista al decir que nada existe, no obstante, bajo el pensamiento que nuestro conocimiento está sujeto a nuestra mente y cerebro, la existencia de Dios y de cualquier otra cosa es válida.

Para concluir, podemos caer en cualquiera de tres pensamientos: la postura nihilista donde nada existe, ni siquiera nosotros, ni nuestros pensamientos, pero al creer esto se cierra la puerta a cualquier cosa en todo sentido, que es válido, pero desenfoca el tema.  Podemos creer en una postura realista, donde existe un mundo tangible afuera de nosotros, pero esto descarta la idea que existan los países, las matemáticas, la ciencia, los números, entre otras cosas ya que no pueden ser percibidos por los sentidos y no existen en el mundo material. Por lo que la postura más convincente es una solipsista donde es real todo aquello que nuestro cerebro pueda crear, como nuestras manos, los números, los países, los gobiernos e incluso Dios.

Joseph Sclar
Joseph estudia la Licenciatura en Administración de Empresas en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe. Apasionado por el arte y la cultura. Fundador de Black Dot Arts. Está interesado en temas y asuntos filosóficos, psicológicos, morales y éticos.

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