La puerta entreabierta de Trump y Putin

La puerta entreabierta de Trump y Putin

El pasado 14 de febrero del 2017, Rusia realizó la prueba de al menos un misil balístico en su territorio de manera secreta, violando un tratado referente a la prohibición de lanzamientos y pruebas de misiles firmado entre Rusia y Estados Unidos. Este hecho pone en tela de juicio la “estrecha” relación que el presidente ruso, Vladimir Putin, y  su homólogo estadounidense, Donald J. Trump, han tenido desde la candidatura del empresario y que, se presumía, sería bastante estrecha y sólida. 

Estados Unidos y Rusia han sido polos opuestos en cuanto a relaciones bilaterales y globales desde la guerra fría. Ambos países han defendido ideologías y posturas diferentes a lo largo de la historia que los han posicionado como “enemigos” naturales en la arena internacional. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX se reafirmaron posturas y niveles de influencia en todo el mundo para instaurar modelos de poder contrarios a los otros, siendo el resultado la división hemisférica del mundo entre países capitalistas y socialistas. Sin embargo, dicho esquema terminó con la caída de la Unión Soviética y la instauración de la Federación Rusa hacia finales de los 90s. A partir de esos años, el mundo había experimentado una supremacía americana y capitalista que determinó el desarrollo de las relaciones bi y multilaterales hasta 2006, que reapareció como un actor internacional fundamental. 

La llegada de Vladimir Putin a la presidencia del país eurasiático en el año 2000 marcó una nueva era de crecimiento y posicionamiento constante en el contexto internacional. Después de la ruptura de la Unión Soviética y la instauración de un territorio, gobierno e ideologías nuevas, Rusia buscó volver a ser una potencia que pudiera generar un nivel de influencia y poder tal y como sucedió durante más de 50 años. La nueva administración rusa se enfocó en tener una mayor participación en eventos que fungieran como puentes para posicionarse nuevamente dentro de las relaciones internacionales. Como dijo el presidente del Kremlin hacia el inicio de su mandato hace quince años y citado por The Guardian, el proyecto de nación se enfocaría en evitar el aislamiento de Rusia en Europa y comenzar a generar relaciones que generaran un cambio en lo que se conoce como el mundo civilizado. 

Las principales formas en las que Putin encaminó a Rusia como una potencia “emergente” y con un posicionamiento efectivo a nivel internacional se resumen a cuestiones energéticas, territoriales y militares. Hacia 2001, el país eurasiático fue considerado como una de las potencias emergentes económicamente hablando por su constante crecimiento y desarrollo interno en conjunto con otras naciones, surgiendo el término BRIC. De acuerdo a Portia Crowe para Business Insider, Rusia es parte de un conjunto de países (Brasil, India, China) que controlarían la mayor parte del PIB internacional. Y definitivamente se tomó en serio dicha declaración. De acuerdo al Financial Times, los BRIC generaron importantes movimientos financieros y económicos durante 8 años, creando fondos monetarios, bancos de desarrollo, tratados e inversiones en conjunto para generar un posicionamiento importante a nivel mundial. Incluso en la crisis internacional de 2008, estos países fungieron un papel clave para el desarrollo y mantenimiento de la economía internacional, evidenciando su influencia a nivel internacional. 

Otro momento en el que Rusia demostró su nueva postura y se hizo notar como un actor poderoso a nivel global ha sido desde 2006, por medio del control energético y nivel de influencia dentro de la región. El país eurasiático es el mayor proveedor de gas natural de Europa, generando una supremacía energética dentro de la región. Por ende, de acuerdo a fuentes de CNN, Rusia ha planeado posibles bloqueos energéticos a países europeos occidentales como respuesta a las políticas o medidas que han tomado en su contra. Esto fue aún más claro después de la invasión y anexión de Crimea a su territorio, controlando las medidas que tanto Europa como la OTAN podrían tomar en su contra por medio de recursos energéticos y limitando las capacidades de Ucrania para recuperar su territorio. De acuerdo a BBC, Rusia amenazó a la Unión Europea y países aledaños de un posible corte en la provisión de gas natural por consecuencia de las deudas de Ucrania referentes a pagos de energía y la postura agresiva de los países hacia el país eurasiático por su reciente adición de territorio. 

Como consecuencia, Estados Unidos decidió tomar una postura agresiva y muy reservada durante varios años entorno a la cooperación con Rusia, evidenciado por las restricciones y sanciones hechas al país europeo por consecuencia de los actos previamente mencionados. Barack Obama, el predecesor de Trump, decidió confrontar a Putin en varios aspectos de índole internacional, tales como la invasión a Crimea y el conflicto en Siria. Obama condenó directamente la postura y acciones de Rusia sobre la región ucraniana, siendo tajante en las sanciones impuestas a Crimea y a Putin por consecuencia de la violación al derecho internacional. Por otra parte, en Medio Oriente ambos países tienen posturas muy claras y contradictorias dentro del conflicto; EEUU apoya a los rebeldes que buscan generar un cambio estructural dentro del país árabe, mientras que Rusia está del lado del presidente Assad y busca mantener el régimen militar. Sin embargo, el ahora presidente de Estados Unidos ha decidido tomar una postura más suave y amistosa con su homólogo ruso, generando incertidumbre sobre la relación entre ambos países. 

Desde el anuncio de la candidatura de Donald Trump para la presidencia de EEUU, Putin demostró cierto afecto y simpatía ante la idea de tener al empresario como representante del país que ha sido siempre su contraparte. En una entrevista hacia diciembre 2015, el presidente ruso se refirió a Trump como una hombre brillante, muy pintoresco, tiene mucho talento. Un líder absoluto. Por otra parte, Trump mostró su comodidad y halago ante la posibilidad de trabajar con Putin en una entrevista a CNN, dando pie a que la colaboración con Rusia sería más próxima para obtener beneficios mutuos. Dicha relación se consolidó cuando Trump ganó la contienda a la presidencia de EUA, cuando el presidente ruso dio un discurso en cadena nacional felicitando al candidato republicano y esperando que las relaciones entre ambos países puedan mejorar con diálogos constructivos y amistosos.

Inteligencia estadounidense ha detectado una posible infiltración y hackeo del gobierno ruso en las elecciones del pasado mes de noviembre, evidenciando un conflicto de intereses y corrupción entre Trump y Putin que favorecería la victoria del empresario a cambio de beneficios. Sin embargo, estas aseveraciones aún no han sido probadas, limitando las acusaciones a simples especulaciones. Después de la toma de la casa blanca por parte del representante republicano, el gobierno estadounidense comenzó a buscar un acercamiento más amistoso con Moscú. Por ende, el 9 de febrero, Trump mantuvo una llamada con su homólogo ruso para ver la posibilidad de negociar un nuevo tratado referente a la proliferación de energía nuclear y al despliegue de armas nucleares. De acuerdo a Reuters, este nuevo acuerdo puede comenzar con una serie de beneficios hacia Rusia, dando pie a un nuevo tratado START que posicione al país europeo en los mismos términos de EUA y otros aspectos ambiciosos de los que Putin saldría con una ventaja fuerte.

No obstante, no todo se ha dado en beneficio a dicha relación. El gobierno ruso ejecutó el lanzamiento “sorpresivo” de al menos un misil de alto alcance el pasado 14 de febrero, retando de cierta manera al presidente estadounidense y violando el tratado de 1987 referente al no lanzamiento de misiles de alto alcance (entre 300 y 3400 millas) entre EEUU y Rusia. Esta acción puede limitar el acercamiento de Putin y Trump, así como generar tensión entre ambos países. En los próximos días se definirá la postura que tomará el ahora presidente de Estados Unidos entorno a dicha acción. La seguridad y posición del país norteamericano está en juego a los ojos del mundo, por lo que la respuesta de Washington hacia este acto será crucial para entender la política exterior que ambos países tomarán referente al otro. 

Alejandro Bello
Alejandro estudia el Bachelor in International Affairs en el Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe. Ha colaborado con diversas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas TECHO México. Es un apasionado por combatir la desigualdad y promover el cambio social

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